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La
violencia de género hace referencia a todos los actos de agresión física,
sexual y emocional, que se desarrollan en un contexto de relaciones de
poder, basadas en la manera como se construyen los géneros en cada
sociedad. Quien detenta el mayor poder busca doblegar la voluntad del
otro y/o mantener el ejercicio de ese poder cuando interpreta que este
se encuentra amenazado. Por razones culturales, social e históricamente
construidas, en el contexto de una sociedad patriarcal y autoritaria,
existen relaciones asimétricas de poder favorables a los varones, y son
quienes ostentan la autoridad en el ámbito familiar. La violencia
generalmente ha sido dirigida en contra de las mujeres, pero también,
aunque en menor medida, contra los niños y
contra aquellos varones considerados más débiles o que se
alejan del estereotipo hegemónico del varón heterosexual adulto.
Violencia
en contra de la mujer es “cualquier acto de violencia basada en género
que tenga como consecuencia, o que tenga posibilidades de tener como
consecuencia, perjuicio o sufrimiento en la salud física, sexual o
psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción
o privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la
vida pública como privada"
(Declaración
sobre la eliminación de la violencia en contra de la mujer de la Asamblea
General de Naciones Unidas, 1993)
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La
violencia contra las mujeres en el mundo contemporáneo ha dejado de
considerarse un problema privado y ha pasado a ser un desafío para las políticas
públicas. El reconocimiento público e internacional de las graves
consecuencias de los hechos de la violencia doméstica o familiar para la
salud colectiva se dio en los primeros años de la década de los noventa.
En
el Programa de Acción de la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos,
celebrada en Viena en 1993 se declaró
que los derechos de la mujer son una “parte
inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales” y se reconoció que la violencia contra las mujeres constituía
una violación de sus derechos humanos. Por recomendación de esta
Conferencia, se
aprobó la Declaración de las Naciones Unidas sobre Erradicación de
la Violencia contra las Mujeres adoptada por la Asamblea General en
diciembre de 1993. En
1994, por iniciativa de La Organización de los Estados Americanos se
suscribió la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer o “Convención do Belem do
Pará”, siendo la primera región en el mundo que cuenta con un tratado
específico sobre el tema. A partir de entonces, las mujeres víctimas de
violencia pueden contar y recurrir a una instancia supranacional como
la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los gobiernos y estados
de América Latina han suscrito acuerdos y declaraciones internacionales, y
han formulado medidas legislativas e implementado diversas acciones políticas
y programáticas para erradicar la violencia contra la mujer.
No
obstante, este contexto político favorable no se ha traducido en resultados
concretos para millones de mujeres en nuestro país. Un Estudio Multicéntrico
de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Violencia de Pareja y
la Salud de las Mujeres, que en Perú se realizó durante el año 2000
colaborativamente entre la Universidad Peruana Cayetano Heredia y el Centro
de la Mujer Peruana Flora Tristán, arrojó los siguientes resultados: En
Lima, el 51% de las mujeres reporta haber sufrido alguna vez violencia física
o sexual por parte de su pareja; y en el departamento de Cusco esta
prevalencia de vida se eleva al 69%. Una
de cada cinco mujeres ha vivido una experiencia de abuso sexual antes de los
15 años de edad en ambas zonas de estudio. El principal agresor sexual
resulta ser un familiar masculino o alguien de su entorno. Otro
hallazgo del estudio es que la violencia física contra un número
importante de mujeres puede aumentar durante el embarazo y
frecuentemente se focaliza en el abdomen. El principal agresor es la
propia pareja. La prevalencia de vida de violencia física durante el
embarazo en Lima es del 14,8% y en Cusco de 27,6% del total de mujeres
alguna vez embarazadas.
Los
resultados obtenidos a partir de estos datos cuantitativos, han permitido ir
conociendo mejor las circunstancias, modalidades de presentación y efectos
de la violencia en las mujeres y también en las niñas y niños que son
testigos o víctimas de sus consecuencias al interior de la familia. Se
estudió también las diversas estrategias que las mujeres aplican para
tratar de liberarse de una situación injusta y cruel como es la violencia
de género en el hogar. De otro lado, estudios más cualitativos han
explorado cómo la violencia contra la mujer está enraizada en tradiciones
culturales que la justifican, basadas en la mayor valoración de lo
masculino, en el poder y en la autoridad socialmente conferidas a los
varones sobre las mujeres. La
persistencia de la violencia contra la mujer es favorecida por la presencia
de impunidad y tolerancia social, así como por discriminación e inequidad
de género en el ámbito público y privado. Se hacen necesarias estrategias
preventivo - promocionales hacia un cambio cultural y social las cuales,
hasta el momento, han sido poco abordados.
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Güesmez,
A. , N. Palomino y M. Ramos (2002). Violencia sexual y física contra las
mujeres en el Perú. Estudio multicéntrico sobre la violencia de pareja y
la salud de las mujeres. Lima: Flora Tristán, UPCH, OMS.
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